Desde las prisiones del régimen escribo: VOCES EN LA MARCHA, al conmemorar dos años tristes y nostálgicos del crimen de mis compañeros sindicalistas, Alirio, Jorge y Leonel, y a la vez hacer un meritorio homenaje a las luchas sociales del pueblo araucano y colombiano, hombres y mujeres unidos por una sola causa: VIVIR CON DIGNIDAD. |
¡Impúlsate hacia arriba, no te dejes hundir! La voz se desprendió del suave ondear de las aguas del lago; frías y avasalladoras cubrían nuestros cuerpos, con la pérfida pretensión de aprisionarnos impidiendo que saliéramos a la otra orilla. El húmedo espesor cerró abruptamente nuestros ojos y los recuerdos de la vida entregada totalmente formaron un inmenso remolino de infinitos círculos, que se abrían y se cerraban cual tenazas de violencia. Por un instante las vivencias de ayer, llegaron sin pedir permiso, la vida se apresuró… y la voz de aquel que insistía en llamar la atención con un distorsionado: - Se le informa a todo el personal de la marcha que hagan la fila para recibir la comida. Las sílabas se trastocaban y en vaivenes de símbolos se alargaban de la luz hacia la oscuridad. En medio de bultos y tumultos, los camiones cargados de plátano, yuca, ganado y leña, arribaban al lugar de concentración de la marcha, el movimiento de muchos cuerpos bajándose de los buses, con maletas y colchonetas sobre sus hombros, hacían que las miradas se confundieran con los gritos de los jóvenes al confirmar, vine con mi papá a participar en el paro. Mientras, la imperativa voz se desprendía del casino central en LA MARCHA POR LA VIDA, encaminando los pasos que hacían crepitar el cascajo y la tierra seca; así una a una cada persona se fue acercando con un plato, un pocillo y una cuchara. - En orden compañeros, por municipios recibiremos la comida: en una fila los indígenas, en otra fila, los Sectores Sociales de Saravena, junto a ellos Arauquita, un poco más allá Tame, luego Arauca, los sigue Puerto Rondon, Cravo Norte y Cubará, por último los acompañantes de otras regiones. La voz de la marcha continuaba las instrucciones, y a su vez, otras voces fueron ordenando la llegada de las personas, y otras, otras voces se aglomeraron junto al humeante sancocho que no dejaba de hervir sobre las tres piedras, las pailas de arroz lo acompañaban y la fresca limonada los esperaba. Sentados sobre el pasto, saboreando la comida, levantamos la mano o movemos la cabeza para saludar las constantes miradas de esta incansable lucha por defender nuestra vida, esperando el momento de estrechar las manos que en fraternal complacencia, tejen los días y las noches, en el gran esfuerzo humano, por conservar las tierras maternales, prodigadoras de leche y miel a todos los frutos de sus entrañas, inclusive para aquellos prepotentes, sumergidos en la avaricia, encrespados en el poder, subyugadores que destruyen y asesinan. - Compañeros y compañeras- . La voz resonante, nos levantó de las cavilaciones de la marcha. – se han dispuesto algunos sitios para dormir, los encargados de cada municipio y cada delegación, saben donde les corresponde, aunque no son suficientes los lugares, porque no esperábamos que tanta gente, respondiera al llamado a participar en LA MARCHA POR LA VIDA, y mañana llegan más personas de las veredas lejanas. Esto nos llena de moral, porque es justo que reclamemos nuestros derechos, y que entendamos que es por defender nuestra vida y nuestro territorio. Les pedimos el favor, que por esta noche, la pasemos como podamos, en la mañana dispondremos de grupos de personas, para ir a buscar, guaduas y palos y construir alojamientos, el plástico negro para cubrirlos llega bien temprano, así ustedes podrán guindar chinchorros, colgar hamacas y quienes trajeron colchonetas, será más fácil, se acomodarán en el suelo, esperando que haga buen tiempo y no llueva. - Quienes quieran tomar café, pueden acercarse al rancho-. Otra voz se develó del corazón de la leña ardiente. Y el olorcito inconfundible impregnado en el alma, se esparció por el ambiente, como mágica poción hizo olvidar la colgada de las hamacas, la madrugada a cortar guaduas o la levantada a las tres de la mañana a preparar el desayuno. Presurosos los pocillos llevados en una misma dirección, se colmaron del sabor de nuestras marchas, el suave cafecito, acerca nuestros labios al borde del pocillo para sentir el estremecimiento del pueblo movilizado. - Compañeros, ubiquémonos en los alojamientos, es la hora del silencio. Y del silencio, nacen los precisos y decisivos momentos. Raudos chapaleos, inquietos y desorbitados los pies se mueven con furia desesperada ¡quiero vivir!... La voz se suspende con el bullir del agua, iracunda penetra los sentidos y los vientres…aquella que calma nuestra sed, cuando en densos hilos se vierte desde las nubes o cuando en cristalinas gotas nace en los manantiales, ahora con pesadez infinita nos abraza, nos destroza, nos aleja... Aún crispan mis oídos esos fuertes chapaleos que se desintegraron en leves movimientos, debatiéndose dentro del agua, cuando los tres, uno junto al otro, dejamos que nuestros silencios buscaran el horizonte, para fundirse y elevar con insistencia, el profundo grito que rompa los cristalinos muros, sombríos en la distancia, simulan monstruos citadinos de candados y cadenas lacerantes, irreverentes, hieren las miradas nostálgicas de los seres de corazón y alma entregados a su gente, sus garras los llevaron en carretas de oxidadas rejas hasta la profundidad del loco absurdo, con alardes se hace llamar, prisión o cárcel. La voz elevó mi cintura, impulsó mis pies y al estrellar mi cara con la superficie del lago, aire y agua bebieron mis pulmones. Grité, los llamé, los busqué, pero no estaban… Jorge y Alirio se quedaron para siempre en la fosa de las aguas… en la otra orilla, empapada y sombría por la fuerza de la cárcel, comprendo que ahogando las palabras morimos en silencio. María Raquel Castro Pérez. “A veces los sueños nos anuncian un suceso. Días antes del 5 de agosto de 2004, soñé con Jorge Prieto y Alirio Martínez, recorriendo un camino de arena y piedra, el camino finalizaba en la orilla de un profundo lago, a los costados, había grandes muros blancos, nosotros debíamos pasar al otro lado, como no teníamos medios para cruzar, nos sumergimos caminando en el agua hasta que nos cubrió totalmente, nuestros pies no tocaban el piso... yo pude salir, pero ellos se me perdieron, nunca los encontré.” Con aprecio y cariño.
Cárceles de Colombia, Marzo 8, 2006. |